No recuerdo con precisión si se trataba del cumpleaños del presidente-editor, de una celebración nadiveña o alguna ocasión particular que ameritara una buena rumba. Lo cierto es que “Macondo”, la mítica residencia de los Otero-Castillo, anclada entre Sebucán y Los Chorros, probablemente aquel 2003 fue una de las últimas veces que sirvió de escenario para una gran fiesta. Seguir leyendo