embajador laszlo hungríaEra un hombre alto, muy blanco y sudoroso, entrado en carnes, de caminar pausado, ojos de un azul plomizo y cabello lacio caoba que al cabo de pocos años ya sería cano. Lo conocí en la Casa Amarilla, a propósito de una salutación de año nuevo al Cuerpo Diplomático acreditado en el país, encabezado por el nuncio postólico; un acto formalísimo en el que el presidente de la República ofrecía sus parabienes a los embajadores y sus respectivos Estados. Éste representaba a la misión de Hungría en Caracas. Se llamaba Laszlo (no recuerdo el apellido). Seguir leyendo

syc_replicaLa réplica cubría media página de El Universal. Le debió haber tomado un buen tiempo al entonces embajador de Cuba en Caracas Germán Sánchez Otero haber escrito aquellos 6.500 caracteres, que rezumaban un veneno añejo, mezcla de ideología enfermiza, descalificaciones gratuitas y, claro, alguna dosis suficiente de odio que me gané a pulso con varios reportajes sobre mis días en La Habana. Seguir leyendo