alfaro uceroNo había nadie en el edificio porque había llegado temprano. Ni el ‘negro Encarnación’, el portero de toda la vida de la sede de Acción Democrática, estaba por ahí. Tomé el ascensor hasta el último piso donde estaba la oficina del “caudillo”, Luis Alfaro Ucero, personaje de bajo perfil mediático del que se decía en esos años, manejaba todos los hilos de la organización y del poder desde la sombra. Seguir leyendo