desirée santosLo recuerdo con claridad, Desirée. Fue un mediodía soporífero, en las escaleras del concejo municipal. Estábamos ahí un grupo de reporteros esperando que saliera un concejal, un director o hasta el alcalde mismo a ver si había una noticia importante. Lo de siempre. Plantón. De pronto entraste al edificio y nos viste. Saludaste con cariño a Vanessa Davies, que cubría por El Nacional y a otros viejos compañeros. Me viste de arriba abajo, casi como un escaneo, y preguntaste: ¿Y este portuguesito quién es? Y luego comenzamos a bromear con el tema, porque tú sí eres descendiente de lusitanos: Santos Amaral.

Desde ese momento, Desirée, fuimos buenos compañeros de fuente periodística. Nos veíamos con cierta frecuencia. Tú escribías para Últimas Noticias y emitías reportes para Radio Rumbos “de la mano con el pueblo”, como decía la muletilla.

Ciertamente, Desirée, tenías una sincera vocación de servicio por los más necesitados y ponías el periodismo al servicio de ellos. No lo niego, todo lo contrario, lo reconozco. También te movía esa pasión gremialista, en defensa de los periodistas por encima de cualquier interés subalterno de naturaleza política o económica. Siempre que podías recordabas el cierre temporal de Radio Rumbos por parte del gobierno de Carlos Andrés Pérez II y el compromiso de los periodistas por decir la verdad de lo que estaba pasando en aquellos años convulsos.

Recuerdo que aprendí una cosa, de esas que no se olvidan, Desirée. Hablábamos sobre la falta de espacio para escribir todas las notas que traíamos. Y, con ese tono gritado, efusivo, como casi siempre, tú nos advertías que “ningún jefe puede negar espacio a la información porque eso es una violación a la libertad de expresión”.

– Eso no es problema del reportero sino del jefe. Te tienen que dar un espacio para que se sepa la información que traes y que necesita saber la gente. Así sean dos párrafos. A mí Miguel Ángel Capriles no me puede negar la información — complementabas la idea.

Lo recuerdo con claridad, Desirée. Tanto como la tragedia terrible que fue perder a tu hija en un accidente de tránsito y quedarte a cargo de tu nieta. Tanto como esa tristeza larga que te invadió por meses, y a la que se sumó pronto la pérdida del hijo del alcalde Aristóbulo Istúriz en otro accidente.

Nos tocó alguna vez vernos en el palacio de Miraflores. A veces nos ponían a cubrir suplencias. Recuerdo que venían unas elecciones del Colegio Nacional de Periodistas y con algunas colegas de la “vieja guardia” bromeabas con aquello de que “no nos lanzamos porque ¿si ganamos qué vamos a hacer”. O aquella anécdota del “Consecoma” de la que ya he hablado en este espacio.

Recuerdo tu rostro triste, en un pasillo del piso 2 del hotel El Conde, en la esquina del mismo nombre, donde estaba instalado el comando de campaña para la reelección de Istúriz en 1995. “El negro perdió”, me adelantaste casi sin poder contener el llanto.

Luego te perdí la pista. Yo salí de El Universal, tú de Últimas Noticias. Después de que ganó Hugo Chávez la presidencia en 1999 comenzaste a hacer activismo político junto al gobierno y terminaste en una curul del Congreso. Yo regresé en 2001 de un año sabático en Barcelona, España y aterricé en El Nacional, otra vez en la fuente política.

Pero vivíamos cerca, en Santa Mónica. Lo recuerdo con claridad, Desirée. Un día por 2006 nos cruzamos en la calle Lazo Martí. Tú venías de la peluquería. Sandra y yo íbamos al Luvebras. Hablamos como viejos colegas aunque políticamente estábamos (y seguimos) en aceras distintas. Te quejaste con sinceridad y no poca razón de la intolerancia de tus vecinos. Que no podías ir a ese supermercado y te tocaba ir al Ipfsa (“mejor, porque hay más cosas y es más barato”), que tenías ganas de mudarte, que “no se puede con esto”.

Esa fue la última vez que nos vimos. Luego, mucho después, supe de tí, Desirée, de tu regreso a tu vieja redacción, de la mano de Eleazar Díaz Rangel, quien acaba de censurar un reportaje del equipo de investigación, lo que provocó la renuncia de una competente colega, Tamoa Calzadilla. Y los comentarios que me llegan, Desirée, sobre tu reciente corto papel en Últimas Noticias, no se parecen al dibujo aquel de hace veinte años. ¡Cómo cambia la gente, ¿no?!

Creo que al final no has traicionado tus ideas políticas. En eso eres congruente, debo reconocerlo. Pero en cuanto al periodismo, el periodismo comprometido con la gente y el equilibrio, que abre espacios y exige espacios “aunque sean dos párrafos”, que ejerce contrapesos al poder (político y económico), que escudriña en lo oscuro y destapa lo oculto, con eso, de eso apenas queda un barniz desconchado.

Es que lo recuerdo perfectamente, Desirée.

2 thoughts on “Lo recuerdo perfectamente, Desirée

  1. Excelente escrito, estimado colega y amigo Antonio Fernández Nays. Así como haces tu relato, de la misma forma recuerdo exactamente a Desirée de quien fuí también su amiga y en las elecciones del CNP-2008 me tocó tener una estrecha relación gremial y más cercana como amiga, en mi condición de Presidente de la Comisión Electoral del CNP–Caracas,la más numerosa de agremiados de todo el pais. El cual fue un proceso electoral-legal muy difícil luego de 10 años de estar Desireé como Secretaria General del CNP-Caracas.Toda su gente del PSUV que estaban en la comisión le echaron “el carro”, empezando por la hoy diputada,colega y que también en un pasado fue amiga como lo es Tania Díaz. El poder definitivamente cambia a la gente,y en el caso de Desireé lo lamento muchísimo, porque siempre fue alguien súper sencilla, amiga fraterna. !Qué lástima!. La ültima vez que la llamé a su casa, fue en la gravedad del destacado periodista, profesor y ex-presidente el CNP, que aunque no estaban del mismo lado político de Desireé ni de Díaz Rangel, había una inmensa relación de amistad y de compartir muchos momentos cuando militaban en el MAS,quienes entre ambos movieron con prontitud y preocupación sus contactos políticos para trasladar a Gilberto Alcalá al Hospital Militar, ya que la póliza de la UCV se había agotado completa en la Clínica El Ávila.Tanto como éllos, como mi personas y muchos periodistas sin distinción política lloramos la muerte de Gilberto. Muchos extrañamos a la Desirée antes de 1999. Se la devoró el poder y el radicalismo político.Excelente escrito, estimado colega y amigo Antonio Fernández Nays. Así como haces tu relato, de la misma forma recuerdo exactamente a Desirée de quien fuí también su amiga y en las elecciones del CNP-2008 me tocó tener una estrecha relación gremial y más cercana como amiga, en mi condición de Presidente de la Comisión Electoral del CNP–Caracas,la más numerosa de agremiados de todo el pais. El cual fue un proceso electoral-legal muy difícil luego de 10 años de estar Desireé como Secretaria General del CNP-Caracas.Toda su gente del PSUV que estaban en la comisión le echaron “el carro”, empezando por la hoy diputada,colega y que también en un pasado fue amiga como lo es Tania Díaz. El poder definitivamente cambia a la gente,y en el caso de Desireé lo lamento muchísimo, porque siempre fue alguien súper sencilla, amiga fraterna. !Qué lástima!. La ültima vez que la llamé a su casa, fue en la gravedad del destacado periodista, profesor y ex-presidente el CNP, que aunque no estaban del mismo lado político de Desireé ni de Díaz Rangel, había una inmensa relación de amistad y de compartir muchos momentos cuando militaban en el MAS,quienes entre ambos movieron con prontitud y preocupación sus contactos políticos para trasladar a Gilberto Alcalá al Hospital Militar, ya que la póliza de la UCV se había agotado completa en la Clínica El Ávila.Tanto como éllos, como mi personas y muchos periodistas sin distinción política lloramos la muerte de Gilberto. Muchos extrañamos a la Desirée antes de 1999. Se la devoró el poder y el radicalismo político. Hoy no ayuda a nadie, aún pudiendo.El poder es para ayudar.Y la queja viene de sus mismos colegas chavistas.

  2. Quise editar parte del escrito que arriba redacté, pero involuntariamente repetí la mitad del párrafo. Si pueden editarlo contar hasta la linea 17, y editar hasta la frase *Muchos extrañamos a la Desirée antes de 1999. Se la devoró el poder y el radicalismo político.* Paula Giraud/ CNP 3804

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