regalo-de-navidadAl principio no era un gran problema. Llegaba diciembre o el Día del Periodista y uno recibía regalos de organismos, instituciones, empresas, políticos, funcionarios, conocidos de trato y vista, o solo referencialmente. Miles de tarjetas de felicitaciones, unas muy elegantes, otras menos.

En navidad la Polar obsequiaba a algunos periodistas (de la fuente económica por lo general) cajas con harina pan, botellas de vino y de refrescos, aceites, jamón endiablado, queso fundido, arroces y otros productos de la marca. Prácticamente un mercado de un mes. Instituciones y ministerios también daban cestas con turrones, nueces, regulares bebidas espirituosas, y alguna otra cosa menor. Un detallito.

En El Diario, el equipo de la revista funcionó un tiempo en la misma oficina de Sociales, mientras se hacían remodelaciones en el edificio. Ahí sí que llegaban a cada instante regalos y más regalos con apellidos pomposos, uno más grande o más costoso que otro. A veces era un poco grosero el tema.

En El Universal, cuando entró a la dirección ‘Juan Fuller’, el asunto de los regalos no le parecía tan normal. No entraba en su cabeza que un periodista aceptara obsequios de las fuentes que regularmente le tocaba cubrir. Eso despedía un tufillo raro para su concepción del ejercicio periodístico.

Suponía ‘Fuller’ que la conciencia y la incorruptible pluma de los fablistanes podía verse seriamente comprometida por un pan de jamón relleno de lonchas de favores a futuro, aceitunas de adjetivos complacientes y uvas pasas maceradas en silencios cómplices.

Entonces tomó una decisión radical: se aceptaban los regalos pero se acumulaban en un salón para dárselos al personal de limpieza u obreros de la rotativa. Así, todos los obsequios que se entregaban en la recepción del periódico eran retenidos y “decomisados” por la dirección.

Un colega me confesó sin rubor alguno que fue tocando puerta por puerta todas las fuentes “pa’ que me dieran mi vaina personalmente”.

Cuando ‘Fuller’ fue despedido de un amigable puntapié en el trasero a poco menos de cumplir un año (ese es otro cuento), el asunto abandono el cariz de problema ético y volvió progresivamente a su antiguo modus operandi.

A fin de cuentas, no sé de ningún periodista -de los que conozco- que haya escrito o dejado de escribir sobre algo después de recibir un presente de ‘felijaño’.

En El Nacional, situado practicamente en las antípodas del diario de Planatal en cuanto a eso que llaman cultura organizacional, no se andaban con vainas.

– ¡Fulanito, te llegó un regalo. Eeeee!, gritaba a todo pulmón la secretaria desde la recepción.

Aunque no era lo común, a más de un compañero de redacción lo vi donando por partes el contenido del obsequio a secretarias, mensajeros y choferes.

Me imagino que si dentro de un mes llegan cestas con papel higiénico, harina precocida, café y azúcar, sí se lo pensarán.

One thought on “Regalos de ocasión

Responder a Carlos F Nays Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>