clases

clasesEra un posgrado de Literatura Latinoamericana que unos profesores universitarios nos habían ofrecido a un grupo de periodistas de El Universal. El asunto parecía interesante. Tendríamos las clases en la misma redacción, con maestros de categoría como Gustavo Luis Carrera Damas.

La dinámica también resultaba muy sencilla: ellos vendrían dos veces a la semana, muy temprano, durante hora y media de sesión. Lecturas en la casa, alguna tarea, discusión en el “aula”, evaluaciones. El precio era bastante módico.

Nos habíamos inscrito apenas tres periodistas: Casto Ocando, Mirna Mendoza y este servidor.

El “aula” era un pequeño salón para recibir visitas. Ahí cabíamos todos: los tres alumnos y el profe de turno.

En la primera clase nos dieron la bibliografía. Empecé -y descubrí- Palinuro de México, de Fernando del Paso.

En la tercera o cuarta sesión, cuando el profesor de Literatura Comparada empezó a decir y repetir “en base a”, me retiré espantado.

Al poco tiempo el posgrado se desinfló.

Diez años más tarde, en El Nacional, me apunté a unas clases de inglés que contrató la empresa para todos los trabajadores.

Había tres niveles: básico, intermedio y avanzado. Me hicieron una prueba y caí en el intermedio.

Los profes, que se alternaban, iban a mediodía, dos veces a la semana. No estaba mal, hasta algún ‘nativo’ me tocó. Compartía mi grupo con personas de todos los departamentos. Era divertido.

A un profe le parecía un poco chistoso mi acento “alemán” (ya me lo han dicho otras personas), que no sabría yo explicar salvo que me someta a una regresión.

Al finalizar el primer trimestre recibí un certificado de aprobación. Luego todo se terminó. Nadie me supo explicar bien qué había pasado con los cursos, pero el asunto parece que, como siempre, se trata de dinero. No hubo más recursos para continuar el “in company’, que lo pagábamos todos, además.

Luego de esos dos intentos, y mientras estuve en cada uno de los periódicos, no hubo más oportunidad de formación, salvo la vez que trajeron a Miguel Ángel Bastenier para un taller de escritura breve, y la experiencia no fue buena.

2 thoughts on “Clases efímeras en la redacción

    • Douglas, que tal y gracias por el comentario. Para mí fue muy bueno, para otros no tanto. El maestro me parece de primera categoría pero ya sabes, a los periodistas generalmente no nos gustan que critiquen nuestros textos (lo cual es una soberana estupidez) y Baste lo hacía de frente y muy acertadamente. Eso creo un clima un poco “duro” en las sesiones con él. Ya hice hace tiempo un post sobre esto. Dejo el enlace: http://siyocontara.es/2013/02/25/una-asesoria-castiza/#more-718

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