kapuscinski, kapuEn tres ocasiones pude compartir algunos momentos con el periodista polaco Richard Kapuscinski, mejor conocido como “el reportero del mundo” debido a sus magistrales crónicas sobre los países en los que le tocó ejercer como corresponsal de la agencia polaca de noticias, trasladadas a libros de antología como Ébano (mi favorito), El Imperio, El Sha, La Guerra del fútbol, Un día más con vida.

La primera vez fue en Buenos Aires, en el año 2002. La Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano lo llevó para que dictara un taller sobre crónica, en el cual participó Sandra. Yo fui, aprovechando mis vacaciones. Llegamos un día antes de empezar el curso y Sandra, por no desaprovechar el momento, intentó comunicarse con el maestro para ver la posibilidad de salir un rato y tomar un café. Pero no hubo forma de localizarlo.

Salimos a dar una vuelta por Corrientes, Callao, Florida, Av. de Mayo, y al regresar la recepcionista nos entregó un papelito que decía, en perfecto castellano, algo parecido a esto:

– Hola, Sandra. Pasé por acá a ver si tomábamos ese café, pero no te conseguí. Nos vemos mañana. Ricardo.

Al finalizar el taller hubo una cena con los participantes a la que pude acudir. Aunque conversamos muy brevemente con ‘Kapu’, hubo buen feeling. En la mesa estaba el escritor argentino Martín Caparrós que nos preguntaba: “¿Ché, qué es el hilo constitucional?”, en referencia a los recientes hechos de abril de ese año en Venezuela, incomprendidos o vistos maniqueamente en el exterior.

La segunda ocasión de ver al maestro fue, precisamente, en Caracas. Una organización que se constituyó con periodistas de varios medios de comunicación, que intentaba desmarcarse tanto de la política como de las líneas editoriales y se autodenominó ‘Los del medio’ (el ministro de Información de entonces, Andrés Izarra, se refería despectivamente a ‘Los del miedo’), invitó a Kapuscinki, que dictaba otro taller de la FNPI, a una tertulia en casa de la Lara Winkelman.

Se apareció el maestro, nos saludamos efusivamente como si nos conociéramos de toda la vida. Había mucha expectación por el aporte que pudiese dar a la conversa con periodistas que intentaban hacer su trabajo de manera independiente.

Pero ‘Kapu’, flanqueado siempre por dos reporteras, se dedicó a escuchar toda una larga exposición de colegas que querían fijar posición. Al final hizo una corta pero brillante exposición del ilustre invitado que recogía básicamente las ideas planteadas en el libro Los cínicos no sirven para este oficio.

Más allá de la medianoche, expresó su deseo de regresar al hotel pues su taller seguía al día siguiente:

– Soy cansado, soy cansado — nos confió en privado a dos o tres personas.

La tercera y última vez que nos encontramos fue en abril de 2004, en Bogotá, a propósito de la feria del libro donde presentaba su más reciente título: Los cinco sentidos del periodista. Nos vimos muy rápidamente en el complejo donde se realizaba la actividad. Una larguísima cola de lectores esperaba que el maestro les firmara una dedicatoria. No hubo mucho chance de hablar pero quedamos en desayunar un día.

Y así fue. Sandra, el maestro Kapuscinki y yo nos reencontramos temprano y fuimos a un restaurante por la zona norte de Bogotá. El comió algunas frutas, tomó algún zumo y café.

Hablamos de todo. Del periodismo, de Venezuela, de Chávez, de Bogotá, de la feria del libro, de sus próximos proyectos y nos contamos ausencias.

Nos despedimos como viejos amigos, como si pronto hubiese otra oportunidad de vernos en otra ciudad. No la hubo, lamentablemente. El maestro se nos fue tres años más tarde.

En la biblioteca tenemos 12 libros de sus libros. Algún otro está por ahí prestado. De vez en cuando es bueno revisitar sus textos y reencontrarse con su maestría. Una forma de seguir estrechándole la mano.

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