Aristóbulo IstúrizAristóbulo estaba recién estrenándose como alcalde del Municipio Libertador, la alcaldía más importante de la Gran Caracas aquel 1993. No era lo mismo ser un gran orador-agitador desde el Congreso que gobernar una ciudad llena de conflictos a diario, carencias añejas, caos institucional y urbano, demandas de muchos sectores y muchas responsabilidades y atribuciones.

Istúriz no tenía experiencia como gestor de una institución pública, pero todos los ojos y esperanzas estaban puestos sobre él; tanto de sus amigos como de quienes deseaban su fracaso.

Los adecos, en cambio, llevaban años en la Administración Pública. Sabían todos sus caminos y recodos, todas sus trampas y entresijos. Estaban, además, de luto por haber perdido la crucial y estratégica elección de Caracas con su candidato Claudio Fermín.

Faltaron pocos días para que la inexperiencia ejecutiva de Istúriz apareciera en la escena. Traspasó dinero de una partida a otra para pagar la nómina mensual de los trabajadores municipales, que le habían dado la bienvenida con amenazas de huelgas y ‘operación morrocoy’.

Lo concejales adecos no se lo perdonaron. Convocaron una rueda de prensa e hicieron la denuncia con papeles en mano por “malversación de fondos públicos”, y anunciaron que llevarían el caso a la contraloría y a tribunales.

Vannesa Davies, que cubría la rueda de prensa por El Nacional, con cierta congoja me preguntó al finalizar:

– ¿Y ahora qué vamos a hacer con esto?

– ¿Cómo que qué vamos a hacer? Hay que publicarlo, es una denuncia ¿no?

Fuimos al palacio a ver si podíamos tener una reacción inmediata del alcalde y nos abrieron la puerta de su despacho. El negro estaba rojo de la ira, maldecía, sudaba, miraba al techo, pensaba, maquinaba, lamentaba, bebía agua. De pronto se sentó en una silla y lo rodeamos tres o cuatro reporteros.

– Bueno, si me quieren meter preso por pagarle a unos trabajadores para que le lleven el sustento a sus familias, aquí estoy. Que vengan a buscarme — declaró retador.

Una respuesta política en un momento en que todavía se bañaba en las mieles de la popularidad; al contrario, la denuncia de AD se veía como un sabotaje con muy mala leche.

Llegué al diario y escribí una nota extensa que incluía tanto el contenido de la denuncia como la respuesta del alcalde.

Al día siguiente, llegó una carta del concejal adeco que dio la rueda de prensa exigiendo derecho a réplica. Me la entregó ‘Tomás Vélez’, el coordinador de la redacción. El denunciante estaba muy molesto porque mi texto reunía los dos elementos y exigía una nota exclusiva con sus declaraciones.

A lo Davies, le pregunté:

– ¿Y ahora qué hacemos con esto?

– ¡Ja, ja, ja! –tronó su sonora risa– Rompe esa mierda, si te da la gana, es que no tiene razón ni procede una réplica.

No procedió la réplica y tampoco la denuncia porque el contralor municipal de ese entonces Clodosvaldo Russián hizo una “magia rara” para justificar el movimiento de partidas presupuestarias.

2 thoughts on “Una denuncia y una réplica con el mismo destino

  1. Antonio, creo que el año sería 1992 o 93, a lo sumo, porque Aristóbulo ganó las elecciones que fueron inmediatamente después del golpe del 27-N. Acuérdate que aquellos períodos eran de tres años y que Aristóbulo perdió en 1995 ante Ledezma. Por demás, por esa misma razón (traspasar partidas para pagar salarios), estas ratas que en aquellos tiempos parecían corderitos, y el mismo Clodosbaldo Russián, que en Paz descanse (si puede) inhabilitaron por cuatro años a Leopoldo López.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>