profe-ucab– Usted lo que quiere es destrozarme, a mí y a mi familia — dice dramatizando el momento.

La chica ha perdido el control de sí misma. Una mezcla de ira, desesperación e impotencia ha tomado su sentido del habla y hasta de su cuerpo y sus gestos. Esas palabras parecen una línea de diálogo de una telenovela.

Frente a mí, en la mesa de la pequeña sala de profesores, hace el amago de levantarse de la silla. Sólo la observo en silencio. Está hecha un manojo de nervios y de ofensas, una expresión de furia y dolor. Tras el momento de irascibilidad algunos cabellos se le han soltado del moño y le tapan la mitad de la cara.

El ‘jurado’ toca la campana y le llama a la calma y el respeto. Por primera vez.

Yo había sido profesor desde muy joven en la UCAB. A los dos años de graduarme me aceptaron para impartir Periodismo Informativo I, en 1994. Más adelante me dieron la responsabilidad de la siguiente materia del pénsum, Periodismo Informativo II, y luego la electiva Periodismo Especializado, que me tocó en ‘herencia’ luego del fallecimiento de su titular en un accidente de tránsito, el profesor Jorge Villalba.

Se trataba de una cátedra interesante en la que básicamente había que introducir a alumnos en las distintas especializaciones periodísticas: Política, Economía, Internacionales, Deportes, Cultura, Ciudad.

Había que explicar cómo funcionaban las fuentes, qué géneros periodísticos eran los más recurridos por cada especialización, quiénes eran los principales referentes del periodismo nacional, dónde conseguir buenos libros que hablaran de esos temas, cuáles eran los desafíos más importantes.

Jorge era un gran maestro y repliqué en mi curso sus principales enseñanzas y enfoques cuando me tocó ser su alumno.

Por mi clase desfilaron algunos invitados de lujo, que no nombro por temor a que la desmemoria me haga una mala pasada y omita algún nombre.

Era muy sencilla la dinámica del curso. Se hacían uno o dos trabajos por cada tema, por lo general, reportajes o notas de ángulo. Al final los estudiantes deberían haber presentado al menos cuatro tareas. Al tratarse de una materia electiva, pues había también cierta flexibilidad.

Algunos ya estaban trabajando y se les hacía complicado entregar en las fechas, entonces se acumulaban las tareas y se aceptaban con retraso pero con menor calificación.

Era el año 2002 y recibía un nuevo curso. Esta chica no entraba en el grupo de los que sobresalían, ni mucho menos. Tampoco en los que mostraban interés por la materia. Más bien, parecía una alumna del montón para quienes las materias optativas sirven para sumar créditos y se cursan de mero trámite.

Al llegar a abril apenas había entregado uno de las cuatro asignaciones. Un día anuncié al salón que a partir del 15 de mayo ya no recibiría más trabajos (impresos, no aceptaba por correo electrónico) porque debía corregir y entregar evaluaciones a la escuela.

Días después de la fecha indicada, cuando ya había avanzado en la tediosa tarea de la corrección, recibí un correo de la muchacha, con tres documentos adjuntos, en el que me notificaba que me estaba entregando los trabajos atrasados. Cometí el error de aceptárselos. No debí.

Abrí el primer documento. Era un artículo sobre política titulado algo así: “Jefes de las fracciones parlamentarias hicieron una encerrona este miércoles”.

Comencé a leer aquel texto y parecía escrito por un profesional. Un estilo muy distante al del único trabajo que había entregado esta joven. En ese momento yo era el jefe de Política de El Nacional y sabía muy bien la agenda parlamentaria. No me parecía para nada que los jefes de las bancadas se hubiesen reunido ese día que indicaba el titular. Comencé a sospechar de la autenticidad del texto.

Abrí el buscador de Google. Copié el título completo de la nota de la chica y pulsé el botón de buscar. Tatáaaaaan: Una nota publicada en enero en el diario Tal Cual y de una colega y conocida mía. Había sido copiada íntegramente. Hasta con sus intertítulos. Sólo había modificado el nombre.

Me indignó el engaño tan burdo…

continuará

 

 

2 thoughts on “Historia de un plagio estudiantil (I)

  1. Recuerdo cuando Antonio fue mi profesor en esta materia, fue la primera vez que pensé que podría interesarme el periodismo internacional.

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