escapismoEn El Universal había un reportero que dejaba la chaqueta en el respaldar del asiento y se marchaba ‘a la francesa’: calladito. Si algún jefe preguntaba por él para ponerle una pauta “rayosa” (de último momento), los compañeros que veían la prenda con la que llegó en la mañana suponían que sólo había salido un momento, y respondían: “Mira, debe estar por ahí, tomando un café. Ese viene ahora, espéralo”. Es una de las “técnicas de escapismo” reporteril que conocí en varias redacciones en las que me tocó trabajar.

En El Nacional otro reportero aprovechaba el momento en que los encargados de las secciones salían a almorzar. Escribía “a su medida”, imprimía el texto y lo dejaba sobre el escritorio del jefe y apagaba el celular hasta más allá de las 7:00 pm.

Una reportera del turno vespertino, que terminaba a las 8:00, un poco antes de finalizar la jornada se iba a merendar. Regresaba cinco minutos antes de concluir su horario.

Cuando aparecía por la redacción algún personaje “muy rayoso”, asiduo visitante de periódicos y declarador de oficio (verbigracia, Tarek William en su época de defensor de derechos humanos), algunas pasantes salían corriendo “al banco”, “a comer” o a “llevar el carro a hacerle el servicio”.

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