Aznar chávez2 de febrero de 1999. Estaba todo listo para que el presidente electo, Hugo Rafael Chávez Frías, asumiera la presidencia de la República, en un acto protocolar en el Congreso Nacional. Era una ocasión única, de dimensiones históricas y políticas trascendentales, con invitados especiales de todos los países. Tras el juramento sobre una “moribunda” Constitución, el país y el mundo iban a presenciar una auténtica ruptura de Venezuela con su pasado reciente, tal vez mucho más de lo que en ese momento todos imaginábamos.

A los reporteros de la sección Nacional y Política nos habilitaron para hacer una cobertura especial y lo más completa posible. Había muchas páginas por producir, mucho material que recabar y procesar y poco tiempo, de modo que había que repartir responsabilidades.

A mí me pautaron la agenda del entonces presidente de gobierno español José María Aznar y después de escribir, ayudar con el cierre de páginas.

En días previos, hice los enlaces de rigor con la embajada española para tener acceso al mandatario visitante, que venía acompañado también por el príncipe de Asturias, Felipe  Borbón.

Los alrededores del Capitolio Federal eran un hervidero de personas curiosas, militares, funcionarios, reporteros, camarógrafos, agentes de seguridad. Estaba difícil reportear en medio de tanto despliegue. Como pude llegué a donde estaba la delegación española y vi a ‘Jose Mari’. Como yo, había un enjambre de reporteros intentando una declaración.

– Me hacía mucha ilusión venir a Venezuela y más en esta fecha tan especial. Todo el mundo me hablaba de la montaña Ávila y la verdad es que es imponente.

Fue lo único que declaró Aznar a la prensa en escaso medio minuto. Era la primera vez que pisaba tierras venezolanas. Fue decepcionante no tener una declaración un poco más jugosa.

Al príncipe lo vi de lejos porque es muy alto, pero ni a quince metros de distancia pude llegar con el cordón de seguridad y funcionarios que lo rodeaban.

Al despedirme de los funcionarios de la embajada española, con quienes tenía algún trato más bien distante, uno de ellos me comentó soto vocce: “Esto no pinta nada bien, amigo. Ojalá y me equivoque”.

Regresé a la redacción y escribí una nota corta, bastante informativa; ‘Periodismo 1′ que llaman. Lead, cuerpo y cola. Revisa, corrige y entrega.

Pero no sería la primera vez que vendría Aznar a Caracas. En aquellos tiempos de cordialidad, Chávez lo invitó a una visita oficial que se cumplió pronto, en julio de ese mismo año. Cubrí la rueda de prensa conjunta en el Palacio de Miraflores.

Es absolutamente fundamental el respeto al adversario, declaró Aznar, quien le hizo saber al mandatario venezolano lo que ya se veía de bulto en los primeros meses de su gobierno.

En sus dos días de visita, el gobernante español recibió las llaves de la ciudad, asistió a una cena con la comunidad española radicada en Venezuela, a una reunión de negocios en Fedecámaras con la patronal española (CEOE), a una cena de gala en la Hermandad Gallega a la que asistió Hugo Rafael y su entontes esposa Marisabel Rodríguez y hasta hubo chance de darse un chapuzón en La Orchila.

Cuando Chávez ganó en el año 2000 el proceso de relegitimación de poderes, al primer mandatario que telefoneó fue a Aznar para darle la buena nueva. Eran tiempos idílicos de una relación ideológicamente contranatura.

El resto es historia sabida y contada. Trajo el año 2002 el peor momento político e institucional de la historia reciente. Chávez acusó a Aznar de abrazar al golpismo y ofrecer apoyo para derrocar a su gobierno. Aznar dedicó muchos foros internacionales y aprovechó los micrófonos de la prensa internacional para despotricar del carácter dictatorial del gobernante venezolano.

Hasta el rey Juan Carlos le reclamó en su cara aquel famoso: “¿Por qué no te callas?” (Muy feo un jefe de Estado mandando a callarse a otro jefe de Estado, comentario aparte), en momentos en que José Luis Rodríguez Zapatero tuvo que salir en defensa de su predecesor en la Moncloa, ante las descalificaciones del mandatario venezolano en una Cumbre Iberoamericana.

El propio ministro de Asuntos Exteriores del gobierno de Zapatero, Miguel Ángel Moratinos, también se unió al coro rojo de quienes acusaron a Aznar de apoyar el golpe del 2002 en Venezuela.

Han pasado 14 años de aquel encuentro. Chávez ya no está y Aznar sí. En ambos países gobiernan los mismos partidos. Pero aunque levante el hacha de la guerra y pretenda emularlo, ni Maduro es Chávez y tampoco Rajoy es Aznar. “Mucho camisón pa’ Petra”, dicen en mi pueblo.

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