mujer del ministroEsto se lo escuché a Pedro Llorens. Ocurrió en 1991, en una reunión social entre diplomáticos. Embajadores en traje formal y señoras encopetadas, agregados culturales, el Nuncio Apostólico, políticos, ministros, funcionarios de rango medio y alto.

Corrían los mesoneros con bandejas de pasapalos y bebidas espirituosas.

En uno de los grupos de tres o cuatro personas que conversaba en aquella recepción participaba, whisky en mano, el ministro de Relaciones Exteriores. Había ocupado la cartera de Información y Turismo en el gobierno de Jaime Lusinchi; también fue embajador y ministro de la Secretaría de la Presidencia. Después del golpe de 1992, cuando la Cancillería fue cedida a Humberto Calderón Berti en un pacto AD-Copei, lo enviaron a la embajada en Madrid.

En aquel ágape, de pronto se acercó su mujer que, aparentemente, se habían excedido en algunas copas.

El ministro intentó terciar en la amena conversación:

– Bueno, yo creo que…

– ¡Qué vas a sabé túuuu! — le interrumpió la señora mientras algunos de los presentes se sonrrojaban y otros hacían intentos por aguantar la risa.

Digo yo, no pasará mucho tiempo para ver una reedición de aquella escena, sólo que a un nivel más alto.

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