caliches y galápagosQuien ha ejercido el periodismo en un medio de comunicación venezolano sabe perfectamente lo que es un caliche, denominación periodística que hace referencia a un sucedáneo de noticia cuya poca significación e impacto merece poco menos que “una notica por ahí perdida”, si acaso un breve (y sin foto).

Algo calichoso es indiferente, fastidioso, inerme, inofensivo, deslucido, hueco, aburrido, insípido y descafeinado.

Pero informaciones calichosas, sobre todo al inicio de la carrera, hay que cubrir unas cuantas, o al menos extraer de un boletín institucional que te pone el jefe sobre tu escritorio para cubrir un espacio en la página. No es algo que se aprenda en la universidad por ósmosis; hay que experimentarlo.

¿Por qué algo es un caliche? Básicamente por dos razones, que pueden ser independientes o venir en combo: el tema o el declarante.

Temas hay muchos. Todos los días la agenda exhibe su porcentaje de pautas calichosísimas.

Y sí, además hay personas especialmente calichosas y lo saben en todos los medios de comunicación. Inclusive, hay algunas que tienen sus periodistas preferidos a quienes hacen persecución en caliente hasta darle su información “muy importante”.

Suelen ser también lo que en el argot se denomina (perdón por lo despectivo, pero es así) galápagos, variedad peligrosa de quelonio declarante que emerge cuando la marea noticiosa está muy baja.

Los galápagos suelen rondar por los sitios donde habitualmente acuden los periodistas. Siempre andan con una carpetica donde tienen fotocopias de su declaración y reproducciones de su foto. Avisan al pelotón de reporteros y se acercan sigilosamente hasta alguno y en cualquier descuido, ¡zas!, ya están declarando “al país nacional”.

Los hay más sofisticados. Llaman al director del medio, o a los jefes de las secciones y les doran la píldora. Cuando ya van directo al reportero lanzan de antemano la advertencia: “Yo ya hablé con Miguel (MHO)… para que lo sepas”.

Usualmente no ofrecen que otra cosa que un calichis vulgaris.

Cuando hace años se disponía de más páginas, muchas veces había que apelar a los calichitos para cubrir el espacio. Con la reducción de los diarios, el calichosismo ha perdido presencia, pero todavía se logra leer alguno por ahí.

También hay genios que con oficio y veteranía convierten una información calichosa en una nota más o menos decente.

Sin embargo, por más que uno en rol de jefe intente venderle a un reportero una pauta calichosa, de lejos se huele el aroma del caliche. Y más si éste viene acompañado de sus múltiples apellidos: “rolo ‘e caliche”, “un caliche inmundo”, etc., etc.

A medida que los reporteros van ganando experiencia, eso de cubrir un caliches causa cada vez más urticaria.

Cierta vez, urgido de reporteros debido a vacaciones, días libres, bajas médicas, le pedí a Alonso Moleiro que cubriera una rueda de prensa con toda la pinta de ser calichosa. Le envié un correo electrónico en que el de antemano le alertaba: “yo sé que esto es un caliche hórrido”, pero le dio tanta risa el término que la cubrió sin muchos peros.

La que sí no se los calaba para nada era la negra ‘Asunción’. Y si no, escuchen este breve audio

5 thoughts on “Caliches olímpicos, galápagos personales

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