syc_giusti_villegasEl invitado de este viernes es Pedro Pablo Peñaloza, quien fue alumno mío en la UCAB cuando él cursaba cuarto año de la carrera. A algunas clases solía llevar colegas para que hablasen sobre su experiencia profesional. PPP recuerda la vez que fue Roberto Giusti y otra oportunidad con Ernesto Villegas. Ahí se las dejo.“En días recientes pasó por Madrid un compañero de aquellos tiempos universitarios. Mientras disfrutábamos de unas cervecitas, recordamos lo siguiente: el profesor Fernández Nays llevó a clases a los periodistas Roberto Giusti, primero, y Ernesto Villegas, después.

En su turno, Giusti fue Giusti. Desmontó el mito de la objetividad periodística, manifestó su rechazo al Gobierno y justificó la posición de los medios contra Chávez. Admitió que entre las viejecitas que lloraban de emoción frente al comandante y el borracho tirado sobre una montaña de latas de cerveza en la avenida Bolívar, no dudaba en escoger la segunda imagen para darle color a su crónica y dejar en evidencia las perversiones del chavismo.

¡Horror! El auditorio, compuesto en su totalidad por jóvenes estudiantes (y de periodismo), se mostró indignado ante aquellas palabras. Para entender la reacción de la muchachada, hay que meterse en personaje y ponerse en los zapatos de un estudiante universitario (y de periodismo), creer que un mundo mejor es posible, que las rosas derrotarán a los fusiles y que el dinero no es la felicidad. Solo tres cínicos aplaudimos con entusiasmo a Giusti y suscribimos su intervención.

A la semana siguiente, vino Villegas. Que fue muy Villegas. Risueño y con su tono afable, reivindicó el equilibrio en el periodismo, cuestionó que los medios actuaran como partidos, levantó su voz por el respeto a la disidencia, llamó a la ecuanimidad, la ponderación y la imparcialidad.

¡Euforia! Los presentes celebraron aquel discurso llenos de emoción, felicitando a Villegas y estrechando su mano. Los mismos tres cínicos de la otra vez nos vimos las caras y concluimos: ‘estos panas no ven el canal 8′.

Finalizado el relato y antes de empinarse otra caña, mi compañero terminó su narración así: ‘al menos, podemos decir que no aplaudimos a un ministro de Chávez’”.

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