syc_isa_doblesMontañas de libretas usadas recubrían siempre el escritorio de Dora Segnini, reportera de La Revista de Caracas. Cuando llegaba de una pauta soltaba la cartera en una gaveta del escritorio y aventaba las libretas en las que había tomado sus notas hacia el promontorio de cuadernillos. Dentro del desorden solía localizar la que necesitaba para escribir sus artículos, hasta que un día el pandemónuim erigido sobre su puesto le jugó una mala pasada. Y debía entregar una entrevista a Isa Dobles en dos días.

Segnini venía de demostrar su talento como reportera en la sección de Ciudad. Escribía con soltura y gracia incuestionables y era dueña de una inteligencia aguda y gran sentido del humor. El director de la revista, L.L.S., le había pautado una entrevista con la reconocida periodista, hija de Alejandro Oropeza, para salir en la portada.

Ella, aunque joven, era de la vieja escuela, de tomar anotaciones rápidas y precisas de las frases que luego sirven para armar la nota, en lugar de grabar la conversación.

A más de uno, las grabadoras de la época nos habían dado una sorpresa. No soltar el botón de pausa al inicio de la entrevista y pensar que la cinta está rodando era la más común. O que se agotaran las pilas a mitad de la conversación. Por eso la recomendación era siempre tomar anotaciones, porque además de tener una “copia de seguridad”, a la hora de escribir permiten organizar mejor la estructura del texto y se puede entregar más rápido al no tener que oír todo de nuevo para transcribir.

García Márquez, enemigo del uso de los aparatos electrónicos para hacer periodismo, decía: “El manejo profesional y ético de la grabadora está por inventar”.

Pero cada quien tiene su estilo. Segnini era de tomar notas, ver directo a los ojos del entrevistado, fijarse en el ambiente, en la gestualidad y al mismo tiempo anotar sin siquiera mirar a la libreta, una habilidad en ella innata que pocos colegas tienen o desarrollan.

Cuando L.L.S. le puso día y hora de entrega, Dora entró en pánico. Revisaba y revisaba los montones de libretas apiñadas y no localizaba la que tenía las anotaciones de la entrevista con Dobles. Yo mismo ayudé a buscarla. Nada, no la tenía, no la conseguía en aquella maraña o la había extraviado.

Dando por perdida aquella valiosa libreta se sentó algo derrotada delante del jefe:

– Tengo un problema. Perdí la libreta donde tenía la entrevista — le confesó a L.L.S.

– Bueno, tú tienes buena memoria. Ahora cálmate. Mañana vienes con la mente más serena y trata de acordarte de todo. Y si no, tendrás que volver a llamarla — le respondió en tono tranquilizador.

La memoria ciertamente es una de las principales herramientas de un periodista. Y Dora tenía una excepcional.

Cuando llegué al día siguiente, la encontré afanosa y concentrada en su entrevista, confiando sólo en su memoria. Miraba al techo y tecleaba. Le venían ráfagas de recuerdo y ametrallaba el teclado. Por la tarde entregó el texto que tenía citas textuales que reproducía con bastante exactitud. El jefe quedó encantado con aquella entrevista que se publicó el siguiente domingo.

El lunes Isa Doble telefoneó al director de la revista, no sólo para agradecer el espacio dedicado y la foto de la portada, sino para que le comunicara a aquella reportera que había sido una de las mejores entrevistas, de las muchas que le habían hecho, que había leído en su vida. Si supiera…

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