syc_pintaLos periodistas, sobre todo hombres -con honrosas excepciones-, no le hacemos mucho caso a eso que en las evaluaciones de los departamentos de recursos humanos categorizan como presentación personal, es decir, la pinta que uno se pone a diario para acudir al trabajo, aunque la norma es ir medianamente decente.

Obviamente, quienes cubren temas de ciudad o de sucesos, deben prepararse para subir cerros, meterse en zonas con barro, etc. Muy distinto a los que hacen Cancillería, Asamblea Nacional o Palacio de Gobierno, aunque eso cambió con la llegada de Chávez al poder.

En la llamada Cuarta República, se prohibía la entrada a sesiones parlamentarias en el Capitolio Federal sin corbarta y sin paltó, así los diputados de La Causa R fueran sin esa prenda anudada al cuello (una de sus señales externas diferenciales), o la senadora masista Argelia Laya vistiese siempre una larga batola indígena.

Eran los 90′ y la moda era lucir cobartas delgaditas, que no las “lengua de vaca” de la década anterior. Algunos reporteros gráficos, en previsión por si su pauta del día era en el Congreso (¡bingo!), tenían su corbatica de emergencia. Entonces llegaban al Legislativo, se abrochaban el botón de la franela, se ponían la cobarta, combinase o no, y su chaquetica de jean. ¡Bien mamarracho!

Recuerdo que el negro Juan Collén se reía de otro colega al que llamaban “caja fuerte”, el rey de la combinación. “A veces se pone la bandera de Naiguatá”, bromeada Collén.

También por la época hubo una moda pasajera de ponerse una cuerdita o cuero terminado en un revestimiento de metal, con un broche deslizante, tipo cowboy, pero los vigilantes de las puertas del hemiciclo del Senado o de la Cámara de Diputados no se comían la coba e impedían entrar con semejante pinta.

Si de look mamarracho de trata, hubo un jefe de información del Diario de Caracas que cuando regresaba de almorzar por la tarde traía un espagueti pegado de la corbata.

Teodoro Petkoff, el ministro de Cordiplan y vocero más prominente del gobierno de Caldera, se quejó en una oportunidad porque, a pesar de ser un hombre de izquierda, exguerrillero, que poco se detiene en esos detalles, un reportero de El Universal -de los mejores en su especialidad- siempre se presentaba con unos jeans rotos en la rodilla y la camisa mitad por fuera, mitad por dentro.

Aunque el caso de los hombres es mayoritario, también se han visto casos de mujeres. Cierta ocasión  en El Universal llamaron de emergencia por un problema de una página a una diseñadora que llegó en pijama. La propia Berenice Gómez, más por un atrevimiento que por otra cosa, se apareció un día en la redacción vestida con un pelele.

En fin, no es la norma el mamarrachismo reporteril. Por eso los casos curiosos llaman tanto la atención.

 

One thought on “Pintas, corbatas y pijamas

  1. Algunos vigilantes del congreso eran amables y te prestaban las corbatas para entrar a hacer un par de fotos rápidas. A veces hasta tenían una o dos en la mano para este propósito.

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