El 26 de marzo de 1994. Gracias a una amnistía decretada por el entonces presidente Rafael Caldera en acuerdo con sectores de la izquierda, el teniente coronel Hugo Chávez Frías, cabecilla de la intentona contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez el 4 de febrero de 1992, sale de la cárcel de Yare, donde estuvo preso durante dos años esperando un juicio.

Una oportunidad me tocó ir a esa cárcel para intentar una entrevista con cualquiera de aquellos golpistas. Me pautó Carlos Croes. Fue un sábado de guardia. Allí me conseguí a Berenice Gómez (comía arepa con chicharrón que vendían en un puesto cercano a esa prisión). Luego ‘Bere’ sería compañera en el mismo diario. Aquella fue la primera vez que la ví, aunque ya había oído hablar de ella y había leído sus notas. Conocía a un montón de militares que la llamaban aparte y le pasaban información.

Yo, un reportero de temas de ciudad puesto en esas lides, ni puta idea tenía de cómo moverme, dónde buscar información. Estuve con el grupo de reporteros a pleno sol, con aquel calorón sofocante, más de dos horas. No sabíamos si alguien iba a declarar, si salía la abogada, una tal Cilia Flores, o si tendríamos alguna grabación que nos prometían pasar bajo cuerda.

Eran casi las 3:00 pm y los reporteros empezaban a retirarse. Me iba de ahí sin nada en las manos, con cierta sensación de haber perdido el tiempo. ¡Qué le iba yo a decir a Croes! Cuando estoy en el vehículo del periódico ya por arrancar, Berenice se acerca.

– Oye, portuguesiño recogelata (mete medio cuerpo por la ventanilla y saca su grabadora) graba ahí rápido pa’que no te digan nada.

Hacemos la “transferencia”. Un mensaje de los comandantes con un audio bastante defectuoso, pero que servía para escribir una cuartilla más o menos “decente”.

Esa solidaridad la mantuvimos en todo el tiempo que trabajamos juntos y más allá.

El día que el comandante, ungido por un sector no tan amplio (se pensaba) de la población y de partidos de izquierda salía de la cárcel había una gran movilización y se tenía programada una rueda de prensa en el Ateneo de Caracas, cuya sede, al cabo de 15 años, el gobierno revolucionario le arrebató a Carmen Ramia.

Mi pauta era cubrir la rueda de prensa del personajillo, que los medios dibujaban entre pintoresco, folclórico, retrógrado y peligroso que en aquel entonces era capaz se mezclar frases sueltas de Simón Bolívar con una letra de Reina Lucero.

La sala de conciertos estaba llena de reporteros. Me anoté en el turno de las preguntas. El flaco teniente coronel, de liquiliqui azul fluorescente, estaba escoltado por un tal coronel Luis Alfonso Dávila y otros atachés que les aplaudían sus respuestas o pitaban a los periodistas.

– Buenos días. Antonio Fernández, de El Universal. ¿Quisiera saber sin tanto rodeo, en concreto, si Ud. y sus colaboradores se hacen responsables de los muertos del 4 de febrero?, le pregunté tras lo cual los jalabolas del teniente-coronel me dedicaron una sonora pita. Raúl Gómez, el hermano de Berenice, que estaba sentado a mi lado y trabajaba para El Nuevo País, hizo un gesto de solidaridad conmigo.

– Claro que nos responsabilizamos. Lo dijimos el mismo 4 de febrero, que para evitar un derramamiento de sangre y bla, bla, bla, bla, bla…., respondió durante unos diez minutos.

Llegué a la redacción y escribí una nota larga de aquella salida de la cárcel y rueda de prensa. Luego hubo una caravana por Caracas. Entregué el material a ‘Pepe Flores’ y al leer por encima el título y el sumario, me comentó:

– Déjalo tranquilo. Lo mejor que hizo Caldera fue sacar a este payaso de la cárcel.. en la calle se quema de aquí a un año y luego ya no es nadie. Escribiste mucho.

9 thoughts on “Entre Yare y el Ateneo

  1. Yo era Gerente de Comunicación del Ateneo para ese entoces. Le expresé a Carmen Ramia mis reservas sobre ofrecer la sede del Ateneo para esa rueda de prensa y asociar a la organización a un personaje sobre el que todavía no sabíamos lo suficiente. Pero los cálculos de pesca de los asesores de Carmen (Nelson Rivera, entre ellos) pudieron más que las dudas de una empleadita de 25 años como yo. Entoces le dije que me lavaba las manos en cuanto a organización y promoción del asunto. Carmen dijo que no había problema, que ya había un grupo coordinando la agenda de Chavez tras su liberación (obviamente, ella y sus asesores manejaban más información sobre lo que venía en los próximos meses tras la excarcelación que yo). Así que mi oficina quedó relegada a ofrecer apoyo en la puerta de la Sala de Concierto, a sabiendas de que la palabra final sobre quién era autorizado a entrar la tenía “el grupo de Chavez”…

    Bueno, pues, el día de la fulana rueda de prensa, se apareció toda Venezuela en el sitio. Todo el mundo tenía un cuento chino (y cero credencial). Perdí la cuenta de cuántos se aparecieron diciendo ser periodista para alguna emisora minúscula de Yaracuy o reportear ara alguna circular de la junta de vecinos de qué se yo, pero a quienes “el grupo de Chávez” dejó pasar de todas formas. Fue tal la marabunta de asomados, que al final el Ateneo tuvo que poner unas cornetas en la plaza Morelos para acomodar allí al gentío que no cupo en la Sala de Conciertos y que podría terminar por amotinarse en el área si no lo dejaban ver u oir al comandante. Las pasiones pseudo-religiosas hacia el hombre comenzaban a gestarse.

    Desde la puerta de la Sala de Concierto (me pasé todo el evento tratando de jugar inútilmente a la gatekeeper) oí la pita que generó tú pregunta, Antonio. Pero también recuerdo que la pita más grande de todas se la ganó Maria Angélica Dávila (Venevisión) cuando se atrevió a preguntarle a Chávez cuál era, en pocas palabras, su ideología: si se pronunciaba de izquierda o de derecha. A lo que Chávez respondió: “Bueno, la verdad es que ho he tenido mucho tiempo de pensar en eso [na' guará, y eso que has estado preso por dos años!], pero lo que sí te puedo asegurar es que con la guía de Simón Bolívar, el libertador; Simón Rodríguez, el maestro; y Ezequiel Zamora, el guerrero, pienso proponer una alternativa política al país que bla, bla, bla, bla…” Tres vírgenes Marías y un montón de gamelote, todo sazonado con tono emocional y listo, las primeras pistas de la fórmula discursiva chavista son presentadas a la prensa. Definitivamente, somos malos leyendo señas.

    • Gisela, me ha encantado tu agregado, desde el otro lado del escenario. Lo bueno de internet es que la gente sigue contando la historia. Fabuloso. Y sí, no leímos bien esas señales para nada. Mira la respuesta de ‘Pepe’ no más.

  2. Creo que todas estas historias de primera mano hay que compilarlas.. Hay que entender lo que hemos vivido para que no se repita (esperemos)

  3. Nunca conoci en persona al Comandante, si vivi bien de cerca los ataques a la prensa, quede atrapada en El Nacional unas tres veces y en RCTV ni hablar cuantas, en el famoso ataque del camion de Tio Rico que trato de acabar con la entrada del canal, de bromita una piedra me parte la cabeza, la piedra cayo dentro del canal,en mi escritorio, por obra de Dios corri y me tire al piso y lo estoy contando…doy como sugerencia escribir estas historias, imagino Antonio que tienes miles, creo que no hay ya ningun periodista venezolano que lamentablemente no haya recibido alguna agresion, susto o persecusion durante los anos de gobierno de Chavez. Me parece buenisimo tu blog y me suscribi. Muchos saludos.

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