Está todo el gabinete de Caldera reunido en Miraflores. Consejo de ministros.  Repasan cuentas, aprueban y anuncian decisiones. Año 1997.

Toma la palabra el canciller Miguel Ángel Burelli Rivas. Hace un repaso de las últimas acciones de su cartera y finalmente refiere que el Gobierno compró un edificio para sede de la embajada en Berlín por yonosecuántos millones de bolívares (de los viejos).

Teodoro Petkoff, para la época ministro de Cordiplan, está en su asiento, casi acostado, los codos sobre la mesa, las manos cruzadas, el gesto serio de siempre. Escucha con atención la exposición de su compañero de Gabinete. Sin inmutarse ni mover un solo músculo de la cara. La mirada perdida hacia el horizonte.

Burelli termina y ‘Teo’ pide la palabra. Se le concede el turno.

Se levanta de la silla, se arremanga la camisa, se ajusta el pantalón, aclara la garganta.

– Doctor Burelli, ¿cuánto fue que costó el fulano edificio ese de la embajada?- pregunta señalando con el dedo el ministro, toda una figura mediática de aquel gobierno, y alguien le recuerda la cifra. Ajá, ajá, okey, jummm… yo quisiera saber a quién se le ocurrió la genial idea de gastarse semejante platal, ¡esa bicoca!, en un edificio para la sede de una embajada, con las necesidades que tenemos acá en Venezuela. ¿Pero qué mente tan lúcida hizo eso sin consultarle ni siquiera a Hacienda o a Cordiplan? Es que hay que tener las bolas cuadradas para, repito, gastarse una millonada en este momento en comprar una casita. ¡Qué casita ni qué ocho cuartos, chico! Es que es absurdo hacer una operación semejante, ¡¡¡y qué va a decir el país!!! Yo les advierto una cosa, que no vengan luego las quejas cuando se sepa de esa compra, porque va a aparecer en la Gaceta, claro, y aquí se puede armar una sanpablera. Este país no está pa’ esas vainas. Y bueno, yo quiero dejar muy claro mi rechazo a esa decisión porque creo que no es el momento ni la forma.

El hombre se sienta irritado, la cara enrojecida de la ira. Burelli lo ve muy serio, pero no dice nada. Los otros ministros y viceministros presentes bajan la cabeza a esperar alguna reacción. Hay una tensa calma en la reunión.

El presidente Caldera, que ha escuchado con atención a los dos, se incorpora lentamente de su silla y con el índice de su mano derecha le da unos golpecitos al micrófono que han colocado en un pequeño trípode sobre la mesa para amplificar su voz, que desde hace tiempo es un hilo.

– Ejem… amigo Burelli Rivas, amigo Teodoro. Quiero decirles que la mente genial a la que se le ocurrió la idea de comprar ese edificio fue a mí… (Teodoro recibe una especie de corrientazo) y lo voy a justificar perfectamente. Ese edificio es histórico, allí funcionó durante muchos años la KGB rusa. Está en el Potsdam, en las afueras de Berlín, una zona de mucha historia. Es prácticamente un pequeño palacio, tiene muchas habitaciones, es cómodo y además el gobierno alemán lo ha vendido a un precio muy barato que no podríamos conseguir en otra oportunidad… (Teodoro se hunde en su silla) de modo que la revalorización del inmueble, si la República quisiera venderlo el día de mañana, está garantizada. El canciller Burelli y mi persona analizamos todas las consideraciones de carácter económico, político e histórico y tomamos rápidamente la decisión. De modo que yo creo que Venezuela con esa compra ha ganado más de lo que pierde. (Teodoro prácticamente ha desaparecido). Es una inversión segura que el Estado irá pagando en condiciones muy favorables, de modo que no hay una alteración presupuestaria muy significativa que de pie a escándalos o algo parecido. Pasemos al siguiente punto.

El relato me lo contó con tres whiskys entre pecho y espalda un ministro de Caldera, durante una cena informal con periodistas venezolanos, en uno de tantos viajes que me tocó hacer como enviado especial.

One thought on “El “pronto” de Teodoro

  1. La verdad solo tengo buenas cosas que recordar de Teodoro. Fui productora de su programa en CMT y que dice Teodoro? Tenia un trato siempre amable y cordial con todo el personal. Grababamos el programa a las 6 p.m. Y siempre llegaba puntual como un aleman. No usaba nunca telepromter, no usaba ningun guion, ni libreto y una vez que comenzabamos a grabar jamas se equivocaba, era increible, en media hora ya estaba todo listo. La verdad es que en toda mi experiencia en TV no tuve ningun talento, ancla que fuera tan bueno y profesional como el.

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