Los sicarios ubicaron a la víctima. La joven Andreína Gómez Guevara había parado en la estación de servicio de El Trébol, en Montalbán II, para llenar el tanque, antes de proseguir camino hacia la UCAB donde estudiaba Sociología. Se trataba una estudiante brillante y estaba por graduarse. Era el 31 de mayo de 2007.

Los matones se acercaron en una motocicleta. Darwin Enrique Vivas iba de parrillero. Desenfundó el arma y disparó cinco veces contra la muchacha, que murió en el acto. Al parecer había una autora intelectual del homicidio: Milagros De Armas de Fantes, la hija del editor del diario 2001.

Yo me desempeñaba como jefe de Sucesos/Regiones de El Nacional. El relato de aquel atroz hecho por parte de la reportera Sandra Guerrero era impresionante. No solo merecedor del mayor espacio sino de un título en primera página.

Ordené el diseño de la página, mientras iba viendo en televisión la consternación de la comunidad ucabista por el asesinato de la joven Gómez Guevara.

Estaba por cerrar la página cuando recibí una orden editorial: no mencionar el nombre de la presunta homicida. Total, era presunta, no estaba confirmado nada y vendría un juicio. Pregunté el por qué de la omisión de un nombre tan importante y no recibí ninguna respuesta convincente.

Así las cosas, la nota salió publicada con nombre y apellido completos. Milagros De Armas de Fantes.

Al día siguiente la queja de la dirección del diario fue mayúscula. Hubo una orden del editor que fue desatendida. Y se reiteró: que ese nombre no sale. Punto.

Luego vino Edgar López, reportero de tribunales, donde la noticia ya tomaba otros ribetes. Ahí se enteró que la orden editorial no fue exclusiva de Puerto Escondido. También fue impartida en Platanal, Globovisión y otros grandes medios de comunicación. Hubo “espíritu de cuerpo” entre los dueños de los medios a petición del Sr. Armando De Armas, se rumoraba y no sin poca razón.

Al menos había entre los periodistas razones suficientes para tener más que sospechas. El único que publicaba sin cortapisas el nombre de la presunta autora intelectual era Últimas Noticias, cuyo director no formaba parte del “cartel”.

Yo me encontraba entre dos aguas: la presión del editor y la de los reporteros. Parar a Edgar López con razones editoriales era buscarse una discusión de las buenas. Él entregaba sus notas con todos los datos, señas y santos de la fulana “innombrable”.

– Si quieren censurar, allá ustedes. Yo no lo voy a hacer, me dijo.

Se sugirió identificar a la “innombrable” como Milagros Fantes. Bien ridículo cuando en Últimas Noticias salía con su nombre.

La noticia dio para mucho. Todos los días había algo relacionado con el hecho. A media semana El Universal empezó a identificar abiertamente de la autora intelectual del crimen. Los únicos que nos manteníamos con la orden editorial éramos El Nacional y, obviamente, el 2001.

Un día, harto de hacer el ridículo y de encubrir a una supuesta asesina de apellido, algo que choca con la propia ética periodística, me dije (me robo la expresión de Andrea Daza): “No sea marico nadie”. Y ordené que se publicara el asunto “como debe publicarse, con los datos precisos, sin engaños”.

Nuevamente me llegó y con un tono más amenazador el regaño, esta vez con una citación: MHO te quiere en su oficina mañana a las 9:00 am.

Llegué ese viernes temprano. Iba con un jeans, camisa gris y un paltó. En la oficina estaba Edgar López.

– Bueno, negro, hoy me botan. Crucé la raya con lo de la Milagros De Armas esa.

Edgar estaba atónito, quedó como paralizado. Me acomodé el paltó y caminé hacia la dirección.

– Hola, Luis Fernando, pasa que Miguel te está esperando. ¿Quieres un cafecito?, me preguntaba Charito Cruces, la secretaria de toda la vida de MHO que jamás logró llamarme por mi nombre.

Pasé a la oficina. Respiré profundo. Dispuesto a escuchar. Me va a decir: “Bueno, Antonio, ya sabes lo que ha pasado con este tema. Te agradecemos tus servicios. Recoge tus cosas y pasa dentro de unos días a recoger tu liquidación. Fue un placer”.

– Hola Antonio, siéntate, dice MHO sin mirar porque está revisando su móvil.

Charito trae las dos tacitas de café. Miguel levanta la vista y con así como quien ni se da por enterado lanza:

– ¿Quieres ser el gerente editorial del puntocom? ¿Hay un proyecto de relanzamiento del portal, muy ambicioso y complejo, y necesito a alguien como tú? Tus decisiones solo dependerán del gerente de la Unidad de Negocios, Enzo D’Amore, y de mi.

Dirigí el puntocom hasta 2010.

P.D.: Milagros De Armas fue condenada por homicidio calificado con premeditación y alevosía a 30 años de prisión. Cumplió los primeros años de su condena en el INOF donde se convirtió en la “pran” del penal. Hostigó a la jueza María Lourdes Afiuni (ver el libro de Francisco Olivares, Afiuni, la presa del comandante). Luego la trasladaron al anexo femenino de la PGV, en San Juan de los Morros. Ahí también es la “pran”. Darwin Vivas también fue condenado a 15 años de cárcel por contrato o sicariato con premeditación y alevosía, porte ilícito de arma de fuego y uso indebido de documento falso.

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