Esto fue en 1998. El Universal me había enviado a cubrir una cumbre de presidentes en Panamá. Por El Nacional fue Gioconda Soto y por una radio, no recuerdo exáctamente cuál, un colega muy conocido en el gremio a quien denominaré ‘Bernardo’. También el diario 2001 envió un reportero.El segundo día, después de cubrir toda la información y de enviar nuestras respectivas notas a Caracas, regresamos al hotel. Era temprano, tipo 7:00 pm. Como Gioco se sentía mal, los otros tres reporteros acordamos reunirnos en el lobby a las 9:00 pm para salir a tomar algo en Ciudad de Panamá, que apenas habíamos visto debido al típico ajetreo reporteril que demandan esas cumbres.

A la hora convenida estábamos los tres en la planta baja del hotel. ‘Bernardo’ se acerca a la recepción y le pregunta a un chico el nombre de un bar o local donde nos pudiésemos tomar algo tranquilamente. “Listo”, regresa con una sonrisa en los labios.

Tomamos un taxi en la puerta y Gómez le indica al taxista: “Llévenos al sitio tal”. El chofer le pica el ojo.

En veinte minutos habíamos llegado. En la entrada había un portero fornido que nos cobró por persona algo así como 5 dólares. Había que subir unas escaleras con alfombra roja y espejos a los lados. Se escuchaba una música suave al fondo.

Cuando entramos los tres nos quedamos pasmados: chicas desnudas bailando sensualmente alrededor de un tubo, luces rojas a media intensidad, mesas con tipos hipotizados con las stripers.

– ‘Bernardo’, ¿dónde coño nos trajiste?, le pregunto.

– Bueno, el recepcionista me dijo que era bueno este local, pero yo no sabía que era de mujeres ‘esnúas’, jajaja.

– Bueno, nos tomamos un güisqui y nos vamos a otro sitio. ¡No vamos a perder tampoco los cinco dólares que acabamos de pagar!, tercia el reportero de 2001.

Nos sentamos y se acercó una chica… vestida, ojo, para tomar la orden. A los pocos minutos nos trajos los escoceses. Y no pasó del segundo trago cuando ya ‘Bernardo’ tenía una de las desnudistas, que había bajado de su show, atenazándolo por detrás, diciéndole cosas en la oreja.

Entre risas y risa, la cara del amigo era indescriptible. Estaba petrificado, ni hablaba, apenas sonreía. Se agarraba fuertemente el paltó hacia abajo con ambas manos.

Ya el asunto estaba subiendo de tono así que decidimos apurar esos güisquis y para retirarnos, cuando se acerca otra muchacha en bikini.

– ¿Y ustedes de dónde son?, pregunta al vuelo.

– De Colombia, dice ‘Bernardo’ aún atenazado por su stripper.

– ¿Y tú cómo de llamas, flaco?, me pregunta.

– Andrés.

– ¿Andrés qué?

– Andrés Mata.

– ¿Y el amigo?

– Miguel Henrique, respondo rápido por él.

Los tres estábamos muertos de risa y las chicas se aburrieron rápido. Y al ver que no había “negocio” se fueron a otras mesas.

Al salir le pregunté a ‘Bernardo’ por qué estaba tan tieso con la tenaza.

– La mujer me estaba intentando meter mano en el paltó y ahí tengo el pasaporte y los viáticos.

De regreso al hotel le dije: ¿Tú te imaginas un título así: “Andrés Mata y Miguel Henrique vistos en un bar de putas de Panamá”?

Al llegar, nos acercamos al recepcionista para preguntar por qué nos envió a ese sitio.

– Jajajaja, ¿dónde fueron? Jajajaja… nooooo. No les dije ese nombre, jajajaja, se desternillaba de la risa el muchacho.

Como no recuerdo exactamente el nombre de los locales, el que nos recomendó el chico se llamaba algo así como “La Rosa Púrpura del Cairo” y ‘Bernardo’ interpretó mal, oyó mal o ambas cosas y le pidió al chofer que nos llevara al “Jardín de Rosas”.

4 thoughts on “Un bar en Panamá

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