El Nacional, 2004, por ahí.

– ¿Aló, Antonio?

– ¿Sí?

– Te habla Jorge Olavarría – ¡Ah, hola Jorge, qué tal!

– Oye, te acabo de enviar la columna (La Historia Viva, media página vertical). ¿Puedes revisar si la tienes en tu correo?

– Un momentico… sí, ¡aquí está! Gracias, Jorge.

– ¿Todo en orden, entonces?

– Déjame abrir un momento el archivo… hmmmm… está algo pasada, como 500 caracteres más o menos.

– ¡Pero cómo va a ser posible!

– Así es, Jorge.

– ¡NO SEÑOR! ¡YO LOS CONTÉ EN MI COMPUTADORA Y ME DICE QUE ESTÁ BIEN!

– Eeeee…. bueno Jorge… cómo te lo explico… tiene más texto del que cabe en tres columnas… eeerrr ¿lo puedes cortar un poco?

– ¿QUÉ? ¡NO CORTO UN CARAJO!… (silencio en la línea)… córtalo tú y mira, tengo que salir ya, chao.

Editar un texto de un columnista es algo terrible, ingrato, un terreno cargado de minas. Y si se trataba de Olavarría, más aún.

Un día llegó a la redacción de El Nacional con un bastón pegando gritos desde la misma recepión:

– ¡Señorita! ¿Dónde está Miguel Henrique? ¿Dónde coño está Miguel Henrique? ¡Me lo busca ya!, exigía, mientras blandía un periódico en la otra mano.

Su voz retumbaba hasta el último rincón de la redacción. Hubo una reunión con MHO, el jefe de Siete Días y él, en la que un editor le preguntó amablemente que por qué se molestaba si apenas se le había hecho una corrección con arreglo al Manual de Estilo. El hombre se engrinchó todavía más y se volteó hacia el editor:

– ¿Cómo dices tú? ¿El manuel de estilo de El Nacional? ¿Y tú sabes lo que yo hago con el manual de estilo de El Nacional? ¡¡¡ME LO PASO POR EL FORROOO!!!

Bueno, con ese lindo antecedente, le dije al diseñador que le bajara medio punto a la letra, redujera lo más posible el interlineado y el track (cosa que por el manual gráfico de El Nacional tampoco se podía pero visto lo visto…), luego le dije a un corrector, una víctima en realidad, que contrajera todas las siglas que pudiera (Acción Democrática por AD, Consejo Nacional Electoral por CNE, y así). Quedó súper apretado pero en su caja.

Al día siguiente recibí la llamada de Jorge:

– Antonio, ¿cómo estás?

– Bien, Jorge, dime… (preparándome para el chaparrón de reclamos).

–Oye chico, muchas gracias por editar el texto, quedó muy bien. Tenías razón, es que con el apuro conté sin espacios. Bueno, hasta luego.

Jorge falleció un año después. Lamenté su partida y creo que en este momento, a pesar de todo y de las diferencias políticas que uno pudiese tener con él, su voz hace falta y sería valiosa.

5 thoughts on “Olavarría se pasa el manual de estilo por…

  1. Quiero decir respetuosamente que este artículo lo único que me produce es amargura. Jamás he irrespetado un manual de estilo ni he cometido plagio ni echado gritos en mi Universidad para que un profesor cambie de parecer. Sin embargo, y a pesar de que tengo talento para escribir, yo no tengo trabajo, y muchas veces me cierran las puertas por pensar distinto, cosa que es respetada en señores como el de la nota, por razones de dinero o de contactos y poder. Esa es la Venezuela que no deberíamos ser, pero somos. Saludos.

    • La entiendo. Igual Olavarría, con todo y lo cascarrabias, era culto, inteligente y agudo. Muchas cosas no las compartía, pero era regio al plantear sus ideas. Saludos back y gracias por ller y comentar el blog.

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