‘Pelo ‘e rata’. Ese era el mote de uno de los conductores de El Universal, por allá por 1994-95. En realidad, no recuerdo su nombre propio. Todos tenían sobrenombre: ‘el sargento’, ‘el chalanero’, ‘bola ‘e nieve’, ‘el abuelo’, ‘el sardina’.

A ‘pelo ‘e rata’ le decían así porque su cabello era como unos pinchos impermeables y se mojaba quedaba igual al de los roedores.

De hablar poco, hombre muy llano, un día nos tocó ir con Venancio a Alto Prado porque una enorme muralla atirantada había cedido y muchas casas se cayeron o quedaron seriamente afectadas.

Al llegar al sitio y ver el desastre, con la gente en la calle, una piscina rota y a punto de caer, el tránsito cortado, bomberos, policías, periodistas, nos quedamos paralizados por unos instantes. ‘Pelo ‘e rata’ encendió un cigarrillo y con la tranquilidad que los caracterizaba dijo:

– ¡Coooño, se jodieron estos chiprinos (sic).

Venancio largó la risa y desde entonces, cada vez que podía se refería a los “chiprinos”.

Un día llegué al estacionamiento y me contaron que a ‘Pelo ‘e rata’ lo habían despedido por un escándalo.

‘Bola ‘e nieve’ debía su apodo a una ironía venezolanísima: era negrito, negrito, negrito. ‘El Sargento”, decano de los choferes y querido por generaciones de periodistas, había sido policía y alcanzó a ese grado.

‘El chalanero’, un guaro de pura cepa y mal carácter, conducía el modelo más viejo de los carros de la flota, al que todos llamaban “la chalana”. Cuando las pautas se prolongaban más allá de la hora de la comida, ‘el chalanero’ decía en su tono guaro: “Coño, estoy pasando más hambre que garrapata pegá de peluche”.

‘El Sardina’ también tuvo una historia tremenda y terminó fuera de la empresa. En realidad, cuando uno se subía con ‘el Sardina’ al volante, no iba en un automóvil sino en una nave teletransportadora. Le gustaba apretar el acelerador.

A ‘el abuelo’ uno le decía: déjame por aquí y el hombre seguía y lo dejaba como una o dos cuadras después porque “ahí no se puede parar”. Y eso era siempre, así hubiese puesto para aparcar.

Seguramente la gente de El Universal tiene muchas otras historias de este tipo.

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