1988. Campaña electoral. El Universal había dispuesto “reporteros sombra” para hacer seguimiento de cada candidato: Irene Sáez (Copei), Henrique Salas (PV), Luis Alfaro Ucero (AD) y Hugo Chávez (MVR), cada uno tenía un periodista asignado para cubrir sus respectivas campañas. Una reportera veterana, crítica (aunque a veces se pasaba de la raya) y de muy buena escritura seguía a la entonces alcaldesa de Chacao.

Un día se hizo una caminata por un barrio popular de ese municipio, que tampoco hay muchos ni son tan populares como en otras zonas de Caracas.

En media hora de atrejeo, estrechar manos, saludar a la gente, abrazar viejitas y niños, la candidata y su equipo se meten en una cafetería a pedir agua. Ordenan cuatro o cinco botellitas que se beben en el acto para reanudar el paso.

La reportera que también está en la cafetería es la última en salir cuando escucha al encargado del negocio:

– Eu, meira vocé, ¿e quéin vai pagare eshto? ¡Son deish e seish bolévaresh!

Desconcertada, la reportera ve cómo se aleja la alcaldesa y su equipo y se pierde de nuevo entre la gente. Molesta, saca su cartera y paga la cuenta de todos. Luego se moría se la risa contándomelo en la redacción.

Pero ya le había pasado con un conocido excandidato, que la citó en un café de El Hatillo para una entrevista; se tomaron unos cafés y comieron unos pastelitos y al final, cuando el político iba a pagar, le dice:

– ¡No me vas a creer! ¡Dejé la plata!

– Cónchale, vale, ¡yo sabía, no juegue, qué chimbo! ¿Y ahora? ¿No tienes tarjeta?

La tarjeta fue rechazada. La periodista terminó pagando la cuenta.

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